EL PAPEL DE LAS FAMILIAS Y LA
PARTICIPACIÓN DE ESTAS EN LA
EDUCACIÓN DE SUS HIJOS
Autores: Víctor Gil López, Moisés Contreras de la Osa, Luis Triguero Pérez-Egaña y Gema Rubio Palomo.
Facultad de Educación de Cuenca UCLM
Aunque
en la actualidad resulta lógico pensar que la cooperación entre las familias y
los centros docentes (que es un elemento muy influyente en la educación de los
alumnos, pues de él se derivan diversas consecuencias como el establecimiento
de unas propuestas y objetivos educativos iniciados en el aula por los
docentes, y continuados por los padres en el hogar, que se manifiestan en un
aumento del rendimiento escolar, o en el desarrollo de actitudes y
comportamientos positivos), se produce siempre en todos los centros educativos,
al observar detenidamente la realidad, encontramos como existen muchos casos
donde uno de los agentes (ya sea la familia o el centro docente) no colabora
con el otro agente.
Por
ejemplo, podemos encontrar casos en los que el profesorado no fomenta la
participación de las familias en el centro educativo al considerar que estas no
tienen los conocimientos necesarios para realizar aportaciones útiles, o casos
en las que las familias no cooperan con los docentes al no verse capacitadas
para dicha cooperación, o porque no la consideran necesaria (Bolívar, 2006).
Sin embargo, aunque en algunos casos la no
colaboración entre ambos agentes educativos se debe simplemente a la negativa
de una de los dos partes a establecer dicha colaboración, en otros casos, esto
es una consecuencia de diferentes transformaciones que se han producido en las
familias a lo largo de las últimas décadas, y que han repercutido en la
disposición o forma de estas a cooperar con los docentes en la educación de sus
hijos. Entre dichas transformaciones podemos destacar las producidas en las
demandas del mundo laboral, en las condiciones familiares, y a nivel social.
1. Cambios en las demandas
del mundo laboral. En nuestro país, los
trabajos artesanales y campesinos (como sería la agricultura) han sufrido un
gran retroceso durante los últimos años debido a fenómenos como el traslado de
grandes masas de población desde los pueblos hacia las grandes ciudades, dando
lugar al auge del trabajo industrial, que requiere de unos valores como el
orden o la disciplina, que la familia no puede desarrollar plenamente en el
niño por sí mismas (Quintero,
2006).
2. Cambios en las condiciones familiares. Varios ejemplos claros de este tipo de cambios serían como la mujer,
antes relegada al ámbito familiar, ha ido incorporándose al mundo educativo y
laboral, o el debilitamiento de los vínculos familiares. Como consecuencia,
cada vez se observa más como se ha producido la pérdida de ciertos referentes
antes existentes, siendo estos sustituidos por elementos como Internet, los
medios de comunicación, o incluso los videojuegos (Hernández & López, 2006).
3. Cambios a nivel social. La forma en la que ha
evolucionado la sociedad durante los últimos tiempos ha provocado que el número
de aprendizajes que los alumnos deben realizar para poder desenvolverse
adecuadamente en este haya aumentando considerablemente. Debido a ello, es
necesario una mayor participación de la escuela, ante la imposibilidad de las
familias de cubrir todos esos conocimientos, como serían las TIC (Quintero, 2006).
De esta manera, la familia ha afrontado a lo largo de las
últimas décadas un proceso de transformación que ha acabado afectando tanto a
la forma en la que colaboran con los centros educativos, como a las características
de dicha colaboración.
Tomemos como ejemplo la incorporación
de la mujer al ámbito laboral, y pensemos en una familia donde ambos padres
tienen que trabajar para poder sustentar a la unidad familiar, y como
consecuencia de ello, no disponen del tiempo necesario (o del mismo tiempo que
en épocas pasadas) para colaborar con el centro docente de sus hijos en la
educación de estos. Debido a ellos, las posibilidades de que esta familia
consiga establecer una colaboración adecuada con el centro docente son menores
que en otros casos donde las circunstancias familiares son más favorables a
establecer dicha colaboración, e incluso en el caso de que se consiga
establecer una colaboración (aunque sea mínima), esta siempre estará afectada
por las mismas circunstancias familiares que fueron anteriormente mencionadas.
Como
conclusión, podemos señalar que, actualmente, a la hora de establecer
actuaciones de cooperación entre las familias y los centros educativos, además
de ser necesario estudiar detenidamente las áreas en las que se puede
establecer una cooperación entre las familias y los centros educativos o los
docentes, se ha de tener continuamente en cuenta cómo ha evolucionado el
panorama familiar en los últimos años, pues al haber afectado los cambios
producidos a la forma en la que las familias interactúan con los centros
educativos o con los docentes, estos deben elaborar planes de colaboración que
tengan en cuenta muchos de los aspectos anteriormente señalados (Hernández & López, 2006; Quintero, 2006; Martínez,
2010).
Asimismo,
creemos igualmente importante un alto grado de compromiso por ambas partes, ya
que la educación de los discentes es una disciplina muy importante que está en
manos de ambos factores, tanto familia como escuela.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
- Bolívar, A. (2006). Familia y escuela: dos mundos llamados a trabajar en común. Revista de Educación, 339, 119 – 146.
- Hernández, M.A. & López, H. (2006). Análisis del enfoque actual de la cooperación padres y escuela. Aula Abierta, 87, 3 – 26.
- Martínez, R.A. (2010). Áreas de cooperación entre los centros docentes y las familias. Estudio de caso. Educatio Siglo XXI, 28 (1), 127 – 156.
- Quintero, M.P. (2006). El papel de la familia en la Educación. Revista Digital “Investigación y Educación”, 21, 1 – 7.





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